
Durante los primeros cinco años de vida, un remolino de conexiones neuronales se desarrollan en el cerebro del niño. Entender cómo se desarrollan estos circuitos interconectados y cómo piensan los bebés, podría dar lugar a toda una serie de nuevos avances en diversos campos, desde el autismo a la adquisición del lenguaje.
Sin embargo, recopilar esta información ha sido difícil: no es posible ordenar a un bebé que permanezca quieto, algo necesario para las técnicas de neuroimagen más avanzadas. Ahora, un sistema que trabaja conjuntamente con la maquinaria de formación de imágenes existente puede identificar los movimientos de cabeza permitiendo que, por primera vez, los investigadores puedan ver una actividad detallada del cerebro de un bebé en activo.
La magnetoencefalografía (MEG), una
tecnología utilizada para estudiar la función cerebral e identificar las
áreas enfermas del cerebro , aprovecha los campos magnéticos muy
débiles que se crean cuando un grupo de neuronas despiertan a la vez.
Sobre la cabeza del sujeto se coloca un casco, parecido a un secador de
peluquería, pero con 306 sensores; el casco detecta dónde se producen
los pulsos magnéticos. A diferencia de las maquinas de resonancia
magnética nuclear (RMN), que sólo muestran las instantáneas de los datos
y requieren que las personas se permanezcan quietas en el interior de
túnel estrecho y ruidoso, mientras se someten a un potente campo
magnético giratorio, la MEG es silenciosa y se realiza en un espacio
abierto, permitiendo que los sujetos interactúen con el entorno. Los
datos obtenidos pueden mostrar de forma precisa a los investigadores en
qué parte del cerebro tiene lugar la actividad en tiempo real.
Para poder estudiar a bebés que estaban
despiertos y ocupados con alguna actividad social, los investigadores
del Institute for Learning and Brain Studies (Instituto para el
aprendizaje y estudios cerebrales) de la Universidad de Washington,
trabajaron con la compañía de dispositivos médicos Elekta, con sede en
Helsinki, para crear un sistema de “posicionamiento de la cabeza” muy
similar al GPS. Los científicos colocan un suave gorro de nylon en la
cabeza del bebé. El gorro tiene cuatro bobinas incrustadas y cada una de
ellas emite una longitud de onda de alta frecuencia que indica su
posición relativa en todo momento. A medida que el sistema de hardware
detecta el movimiento de la cabeza, el software interpreta los
resultados y los combina con los datos del sensor de la
magnetoencefalografía.
Estos estudios pueden llegar a tener muchos frutos en el futuro, y para bien de los bebes!
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