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El Petróleo en España

 

Versión reducida del artículo que publiqué en la revista Historia de Iberia Vieja, edición del mes de mayo de 2012, número 83.

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 Esta mañana un vecino de La Lora andaba comprando en los quioscos de la capital ejemplares de prensa nacional. El correo llega con retraso a aquellos pueblos, y la ansiedad de sus convecinos le impulsó a bajar a la ciudad, adquirir todos cuantos periódicos pudo y venderlos después con un saneado margen comercial. El informador nada tiene que hacer al pie de la torre metálica de Valdeajos, a no ser que quiera adentrarse en la técnica de las prospecciones. Cae un sol extraño en estos lugares y la gente soporta la molestia, alimentando esa esperanza de que ante sus ojos va a desarrollarse la segunda y radiante salida del petróleo. Se sabe que esto no será así, pero, en fin, allí están esas gentes montando guardia ininterrumpida.
 
Crónica de Felipe Fuente publicada en La Vanguardia el miércoles 10 de junio de 1964, pocos días después de la primera extracción de petróleo en La Lora burgalesa.

Recuerdo que hará unos veinte años me sorprendió ver en la lejanía, desde la carretera de Palencia a Riaño, una gran estructura metálica que había surgido de la nada. Se trataba de una torre de prospección, al parecer a la búsqueda de bolsas de gas en lo profundo de la tierra, que una compañía de exploración geológica había erigido en las cercanías del pueblo palentino de Fontecha. Esos recuerdos los tengo muy borrosos, a fin de cuentas yo era por entonces un chavalín de corta edad, pero lo que sí recuerdo muy bien, además de la silueta de la torre de prospección recortada sobre el horizonte, fue la oscura convicción que tenían muchos lugareños sobre aquella aventura. Aseguraban que la cosa no iría muy lejos porque, a fin de cuentas, "en España no hay ni petróleo y ni gas". Y, así, como queriendo dar la razón al saber popular, la torre desapareció al cabo de unos meses sin que nada más se supiera. Pero, como sucede con tantas otras cosas, aunque creamos que no está ahí, en España se puede extraer petróleo y gas. Naturalmente, nada de hablar de compararnos con Arabia Saudí, ni mucho menos, pero cuanto más se conoce sobre el potencial de nuestro territorio en este sentido, más se puede asegurar que en un futuro a medio plazo sí podría extraerse petróleo y gas en cuantías nada desdeñables, lo suficiente como para poder reducir nuestra dependencia del exterior en materia de combustibles fósiles en un porcentaje muy atractivo.


Canarias y el resurgir del petróleo español
No es mi intención entrar en este pequeño artículo en asuntos tan espinosos y de actualidad como si es necesario, o no, continuar con las exploraciones para encontrar petróleo o gas en las entrañas de la tierra. Ni mucho menos lo es el comentar los mil líos políticos y estratégicos que el encontrar petróleo siempre conllevan. Simplemente, mi deseo es describir brevemente esos lugares de España en los que el petróleo tiene o ha tenido algún papel de interés, o bien se supone que lo pueda tener en un futuro.

El tema tiene su miga y, además, es uno de los actualmente más comentados en ciertos ámbitos. Por una parte, los precios de los combustibles y materias primas para la industria petroquímica se sitúan en niveles peligrosamente altos y, además, todo ello debe ser importando, muchas veces de regiones muy inestables. Pero, además, hay algo que ha cambiado. ¿De repente tenemos petróleo donde antes no había más que algunos indicios poco esperanzadores? Sí, porque el ingrediente novedoso es la tecnología. Ahora se puede investigar y extraer gas y petróleo a grandes profundidades y en lugares en los que hace apenas dos décadas parecía cosa de ciencia ficción siquiera acercarse. La novísima tecnología de prospección y extracción puede hacer que, por ejemplo, en el tan comentado recientemente caso de Canarias, se pueda pensar en una industria petrolera española con un potencial a tener en cuenta. ¿Son nuevamente sueños poco realistas como los que en los años sesenta despertaron el entusiasmo de la prensa nacional? Posiblemente no porque, y he aquí de nuevo el ingrediente tecnológico, hoy las grandes compañías tienen los pies siempre sobre la tierra y pueden conocer con detalle el potencial real de un yacimiento. Otra cosa son los conflictos políticos y ecológicos, que van mucho más allá de lo que la tecnología pueda ofrecer. No por localizar petróleo en un área, va a tener que extraerse por fuerza, siempre hay muchos condicionantes en juego antes de que un nuevo campo petrolífero pueda ser una realidad, sobre todo en el caso español.

¿Podría el hallazgo canario llegar a suministrar incluso hasta el 13% del petróleo consumido en España anualmente? Tal es la cifra mencionada en muchos medios, sobre datos ofrecidos por compañías petrolíferas. Parece muy optimista y esperanzador porque eso supondría equilibrar considerablemente nuestro mercado energético, pero del dicho al hecho media un trecho gigantesco.

El problema está en un dilema que, a buen seguro, preocupará cada vez más en los próximos años. A saber, ante el descubrimiento de un yacimiento de petróleo, o de algún mineral de gran importancia estratégica, ¿deben primar los aspectos económicos o se debe guardar un equilibrio de otro tipo? Y ahí está el verdadero lío que, como puede comprobarse repasando la prensa, sobre todo la canaria, levanta verdaderas pasiones. La "bolsa" de petróleo canario es de tamaño considerable y podría se explotada durante más de dos décadas con producciones que podrían acercarse a los 150.000 barriles diarios. Además, no se trata sólo de explotar el crudo, sino que se intuye que también hay inmensas bolsas de gas asociadas al yacimiento de petróleo. Todo ello puede hacer pensar en un brillante futuro para Canarias en forma de una potente industria petroquímica pero, cuidado, recordemos que el turismo es el principal medio de vida de las islas. ¿Puede haber conflicto entre ambos mundos?

Por otro lado, he ahí otro gran problema, en esta ocasión geoestratégico. El área de explotación potencial se sitúa en la costa oriental canaria, prácticamente al límite con las aguas de Marruecos. No creo que haya que tener mucho ojo para ver que la cosa se complica por momentos. A la vista de todos los problemas, y sabiendo que realmente el potencial petrolífero del lugar es realmente importante, cabe preguntarse si todo este asunto terminará olvidado como ha sucedido en tantas ocasiones cuando se ha hablado de extraer petróleo en España.


Burgos, la fiebre del oro negro que se convirtió en decepción
El caso de La Lora es, precisamente, el ejemplo perfecto de un sueño, una ilusión, grandes expectativas y titulares muy llamativos en los periódicos que, al cabo de un tiempo, se convierte en nada. La historia se ha repetido bastantes veces en nuestro país y, cada pocos años, resurge el sueño petrolífero, ya sea en Galicia, en la costa del Mediterráneo, en el Cantábrico, en el golfo de Cádiz o en el valle del Guadalquivir, todos ellos lugares en los que se han encontrado indicios esperanzadores de la existencia de bolsas de petróleo. Eso por no hablar de la época en que se pensó en explotar las pizarras bituminosas y se dio vida a la refinería de "tierra adentro" de Puertollano, un caso singular donde los haya. Cada uno de estos lugares cuenta con su propia historia de esperanza y frustración, pero ninguno de ellos es tan sorprendente como el de Burgos.

Los páramos del noroeste burgalés vivieron un día muy especial hace ya casi cinco décadas. Apenas pasaba un cuarto de hora del mediodía del 6 de junio de 1964 cuando los técnicos de CAMPSA hicieron historia en La Lora, concretamente en el yacimiento Ayoluengo-1. Miles de litros de petróleo brotaron entonces de las entrañas de la tierra manchando con parduscas sombras los campos cercanos. Las gentes del pequeño pueblo de Valdeajos vivieron aquello con gran esperanza, es más, toda España estuvo atenta a los periódicos y hasta a la recién nacida televisión. ¡Había petróleo en España! Y se habló mucho, ya se veían inmensos campos petrolíferos en el norte castellano, alimentando sin cesar un gran oleoducto hacia Bilbao, donde se instalarían grandes plantas petroquímicas. Finalmente, las prospecciones iniciadas en 1943 habían dado sus frutos y Ayoluengo-1 sólo era el comienzo. Eso, al menos, era lo que parecía, pero por desgracia la cosa no fue mucho más lejos.

De las fiestas en Valdeajos se pasó con el tiempo al desencanto y a un paisaje protoindustrial prácticamente abandonado. Pero lo que en plena autarquía fue visto como una oportunidad, puede que vuelva a serlo.

Desde los años sesenta la extracción de petróleo ha continuado, pero apenas llega ahora un puñado de barriles diarios. Un crudo que, por desgracia, ha sido en su mayor parte de una calidad bastante baja pero he aquí que nuevas prospecciones realizadas con tecnología del siglo XXI han venido a confirmar que allá abajo hay mucho más de lo que parece. Y, a la vista de los indicios, cabe pensar en otra fiebre del oro negro como la que se vivió en aquellos páramos, donde todavía hoy funcionan algunas máquinas extractoras que le dan al paisaje cierto encanto tejano. ¿Verá el lugar multiplicarse esos artilugios a los que llaman por allí "caballitos" o no será más que otro espejismo como el de los años sesenta?

Lejos quedan los días en que La Lora aparecía por doquier en periódicos y discursos políticos, cuando los reportajes del NO-DO invitaban a soñar con un futuro prometedor bañado en petróleo local, cuando el lugar fue visitado incluso por los entonces príncipes don Juan Carlos y doña Sofía.
¿Qué esconde el Gran Burato?

La decepción de La Lora hizo que las gentes dejaran de soñar con el "petróleo español". Con toda la razón, pues como mucho lo que se ha visto con el paso de los años han sido esos pocos miles de barriles diarios que han alimentado a la refinería de Tarragona desde los años setenta, un petróleo que llega a tierra desde plataformas marinas levantadas sobre el Mediterráneo y que han dado bastantes dolores de cabeza ambientales al lugar.

Sin embargo, a pesar del escaso rendimiento de todas las explotaciones petrolíferas o de gas puestas en marcha hasta la fecha en España, las prospecciones han continuado y, en los últimos años, parece haberse despertado de nuevo aquella ilusión de los años sesenta, al menos en la mente de algunos geólogos. Más allá del caso canario, o de nuevos hallazgos en el Mediterráneo o en La Lora y sus cercanías, es en Galicia donde se están concentrando más esfuerzos. Con la tecnología actual se puede acceder a áreas del lecho marino donde antes ni se soñaba llegar. Además, polémicas técnicas como la de fracking pueden aprovechar recursos que anteriormente se consideraban como de nula rentabilidad.

Más allá de la costa gallega, mar adentro en medio del bravo Atlántico, se encuentra un inmenso área de suelo marino en el que, al menos en teoría y según los indicios geológicos, se hallaría una considerable bolsa de petróleo y gas. Entre la desembocadura del Duero, en Portugal, y Finisterre en Galicia, hay quien sueña ya con un horizonte poblado por grandes plataformas extractoras. De momento, nada hay que sea realmente tangible, aunque ciertos lugares del fondo marino han llamado mucho la atención de los geólogos. Es el caso del Gran Burato, territorio submarino que se halla a casi 140 kilómetros de la costa gallega y que ha sido objeto de varios estudios oceanográficos y hasta exploraciones con robots submarinos. Allá abajo, al parecer, se esconde un inmenso tesoro en forma de bolsas de gas que ha despertado las expectativas tanto de investigadores en recursos energéticos como el hambre de varias compañías de hidrocarburos. ¿Se convertirá acaso Galicia en un nuevo sueño fracasado como el de La Lora o, finalmente, llegará a ser la gran tierra prometida del petróleo y el gas españoles? Viendo cómo han terminado los anteriores casos, más vale no soñar mucho.
Imagen: Andrew Schmidt / Public Domain.

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